Llevo ChatGPT en el móvil: ¿me vale como guía andando por la ciudad?
Vas por una calle cualquiera, camino de otro sitio. A la derecha pasa una fachada con una costura rara, a la izquierda una placa que no lees, al fondo una torre que no sabes de qué es. No paras en ninguna de las tres.
Llevas en el bolsillo una inteligencia artificial perfectamente capaz de contarte las tres cosas. Y no te ha dicho nada.
No es un fallo suyo. Es que nadie le ha preguntado, y nadie le ha preguntado porque para preguntar por algo hay que haberse fijado antes. De eso va este artículo: de si el asistente que ya llevas instalado te vale como guía mientras andas. La respuesta honesta empieza por darle la razón.
Una pregunta solo existe si ya sospechabas que había algo que preguntar.
Esto no va de si se lo inventa o no. Eso es otra conversación, y la tuvimos aquí: ¿te puedes fiar de lo que te cuenta una guía de IA?
Lo que ya hace, y hace bien
Conviene decirlo sin rodeos y sin ironía, porque cualquiera que haya preparado un viaje con un asistente sabe de lo que hablamos: para planificar es francamente bueno. Le cuentas que tienes tres días, que te tira más la comida que los museos y que no piensas madrugar, y te devuelve un plan razonable en treinta segundos.
Durante el viaje tampoco se queda corto. Le haces una foto a una fachada y te dice qué es. Le hablas en voz alta y te contesta sin que tengas que mirar la pantalla. Le preguntas dónde comer cerca sin caer en una trampa para turistas y te da tres sitios. Y no hay nadie juzgando la pregunta, así que se la haces aunque te dé un poco de apuro.
Incluso empieza a haber experimentos que sí hablan primero: narraciones automáticas de monumentos famosos, hechas para escucharlas desde el sofá sobre fotos panorámicas. Van por el buen camino, y todavía van de monumentos célebres, no de la calle por la que pasas.
Es gratis, está en tu idioma y lo llevas encima. Quien te diga que eso no sirve para viajar, es que no lo ha usado.
Para preparar un viaje hoy no hay nada mejor. Esa parte está ganada.
Lo que no arregla una actualización
Lo que viene ahora no son dos funciones que falten. Son dos consecuencias de cómo funciona la herramienta, y por eso no las arregla la versión siguiente.
La primera es que nadie empieza la frase. Un asistente espera. Esa es su virtud en casi todo lo demás —no interrumpe, no da la lata, no habla hasta que le hablas— y en una calle de paso es exactamente el problema. No le preguntas por la fachada de la costura rara porque no has visto la costura.
Hay un detalle que lo delata. Todas las guías que explican cómo usar una IA como guía turístico acaban poniendo el mismo ejemplo: «estoy delante del Arco del Triunfo, cuéntame qué estoy viendo». Hay que nombrarlo. Y si puedes nombrarlo, es que ya sabías que estaba ahí.
La segunda va pegada a la primera. Cuando por fin preguntas, preguntas por aquello en lo que te habías fijado, así que la respuesta solo puede caer encima de eso. El filtro de qué merece tu atención no lo pone la herramienta: lo pones tú. Y en una ciudad que no conoces, tú eres justamente el que no sabe dónde mirar.
Y lo que se queda fuera no son detalles menores. Una esquina cortada en diagonal, que casi siempre está cortada porque por ahí tenía que girar algo más ancho que una persona. Una hilera de ladrillo de otro color a media altura, que es por donde la casa creció el día que le añadieron un piso. Una ventana tapiada que no se tapió por capricho: hubo un tiempo en que se pagaba impuesto por cada hueco de la fachada, y salía más barato cegarlo. Nada de eso pide a gritos que le preguntes: hay que saber que está ahí para verlo, y saber que está ahí es precisamente lo que venías a averiguar.
El resultado es que medio casco histórico se queda fuera de la conversación. No porque no supiera contártelo: porque no se lo preguntaste.
No es que no sepa la respuesta. Es que tú no sabías la pregunta.
Quién empieza la frase
Hay otra manera de montar esto, y lo que cambia no es el cerebro ni la cantidad de datos. Es quién habla primero.
Doblas la esquina y la voz arranca sola. No has sacado el móvil, no has escrito nada, no has elegido una pista en una lista. Ibas andando y ahora te están contando dónde estás.
Se te ocurre algo a media frase y lo sueltas en voz alta, mirando hacia arriba. Sin encuadrar una foto y sin escribir el nombre de un sitio cuyo nombre, precisamente, no sabes.
Aparece algo que no estaba en tu lista ni en tu cabeza, porque alguien decidió antes que en ese punto concreto había algo que merecía treinta segundos de tu atención.
La diferencia no está en lo que sabe. Está en que no hace falta que tú sepas la pregunta.
Dos viajes distintos, no dos herramientas
Visto así, compiten menos de lo que parece: hacen dos trabajos distintos en dos momentos distintos del viaje.
En casa, antes de salir, el asistente gana sin discusión. Repartir los días, comparar barrios, decidir si el museo merece la mañana entera, rehacer la tarde porque se ha puesto a llover. Todo eso es trabajo de pregunta y respuesta, y ahí sabes perfectamente qué preguntar, porque es exactamente en lo que estás pensando.
En la calle el trabajo es otro, y no consiste en saber más. Consiste en que algo tome la iniciativa cuando tú ya no estás en modo de hacer preguntas, sino andando, con calor, mirando dónde pisas y pensando a medias en dónde vais a comer.
Y una concesión más, porque si no esto acaba sonando a que hay que llevar algo sí o sí: hay paseos en los que no quieres ninguna de las dos cosas. Un domingo por la tarde sin saber nada de nada también es un plan, y además es bueno.
Preparar el viaje y estar delante son dos trabajos distintos. No tienen por qué hacerlos la misma herramienta.
The Mirlo — Guía turística virtual para explorar las ciudades de otra manera.
Así que la respuesta honesta a la pregunta del título es que sí, te vale, y mejor de lo que mucha gente cree: te resuelve todo lo que sepas preguntar, y eso es muchísimo. Lo que no te va a resolver es lo que ni se te ocurre, que en una ciudad que no conoces resulta ser casi todo. Y para eso hace falta justo lo contrario de algo que espera: algo que hable primero.
¿Cuántas cosas has dejado atrás hoy sin llegar a saber que estaban ahí?